En la actualidad estamos plagados de movimientos progresistas que, más que buscar el progreso, buscan el retroceso de la humanidad. Promueven campañas contra el desarrollo humano y tecnológico sin fundamento científico alguno, sin evidencia empírica que avale lo que quieren imponer. Sus enunciados y propuestas se basan solamente en frases cliché emocionales muy marketineras, que generan que muchas personas crean en esas falsas premisas.

Un ejemplo claro es el de los falsos ecologistas o ambientalistas promoviendo campañas “verdes”, las más notorias son las que están en contra de la agricultura moderna. Con frases como “el metano de las flatulencias de las vacas es el mayor aporte de emisiones gaseosas contaminantes de la atmósfera”, cuando podemos afirmar gracias a numerosos estudios, como por ejemplo los que realiza el parlamento de la unión europea (1*) que la contribución de la agricultura y ganadería a ello es de, en promedio, un 10% y por su actividad las vacas solo aportan el 5% de esas emisiones, siendo las mayores fuentes de emisión la producción de energía.

Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (*2), las mayores fuentes de emisión en su país, provienen de la producción eléctrica (28% del total de emisiones), el transporte (28%) y la industria (22%), y la actividad agrícola-ganadera contribuiría en menos del 5%. Entonces, todas las actividades económicas humanas emiten gases que contribuyen al efecto invernadero. Pero sólo la agricultura, la ganadería y la forestación secuestran esos gases para devolverlos a la tierra (descontando que además dos de ellas nos alimentan a todos) (3*), ningún ecologista lo menciona, o tal vez no lo saben.

Los fitosanitarios químicos son agroquímicos. Los que le dicen agrotóxicos a los fitosanitarios manipulan el lenguaje para desinformar, alarmar a la gente con mentiras y, sobre todo, obtener subsidios e impuestos para favorecer al activismo ecologista.

Dicho esto, voy a aclarar también el significado de la palabra “contaminar”: contaminar, técnicamente hablando, es el hecho de alterar el estado original o natural de un medio, por acciones o introducción de agentes a ese medio. Si vamos al Diccionario de la Real Academia Española (4*), la contaminación es el resultado de introducir «agentes físicos o químicos» en un medio concreto, y que tengan el efecto de «alterar nocivamente» el estado original o normal del medio en cuestión donde hayan sido introducidos estos agentes físicos o químicos. Como se puede apreciar, esto es bastante amplio, cualquier elemento que se desenvuelve como agente extraño a la naturaleza del medio en cuestión está contaminando. Por lo que nosotros, los humanos, por el sólo hecho de existir estamos alterando el medio circundante, así como también lo hacen los animales, las plantas, y todos los elementos del medio, todos interactuando entre sí. Las alteraciones pueden ser nocivas o no nocivas, pero que sean nocivas no siempre es voluntario, y muchas veces es necesario que así suceda por el mero hecho de subsistencia y avance de la humanidad.

Los falsos ecologistas de pensamiento mágico, ante estos hechos naturales de estar viviendo en este universo, en este modelo complejo no lineal con elementos interactuantes, y generando alteraciones y cambios constantes (es decir, en dinamismo y cambio constante) entre sí “contaminándose”, dicen “tenemos que hacer algo, no pueden haber cambios y alteraciones”, siendo esas premisas que exponen completamente anti naturales e imposibles, promoviendo acciones para “resolver problemas” inventados por ellos, que realmente no son problemas, generando éstas acciones que promueven, ahora sí, nuevos problemas que no existían antes, porque no había que resolver nada.

Y esas acciones inútiles que promueven suelen buscar la generación de prohibiciones, como prohibir el desarrollo industrial, prohibir el uso de centrales nucleares, prohibir el uso de agua caliente, prohibir el uso de plásticos, prohibir el consumo de carne, prohibir el uso de medicina modera, ¡nada me parece más alocado y ridículo que eso, ya que nada en el universo es estático, todo está cambiando constantemente!, ¡es un oxímoron luchar contra ello!

Y la frutilla del postre, lo que más nos afecta, son las campañas de este estilo que buscan prohibir el uso de fitosanitarios en la agricultura moderna.

En la agricultura moderna, Fitosanitario se denomina a toda sustancia destinada a prevenir, destruir y erradicar plagas o enfermedades que afectan a los cultivos, y mejorar así su desarrollo y crecimiento. Se usan tanto en la producción como en el almacenamiento, transporte y distribución de productos agrícolas para proteger la sanidad y la calidad de las plantas. Los fitosanitarios químicos son agroquímicos. Los que le dicen agrotóxicos a los fitosanitarios manipulan el lenguaje para desinformar, alarmar a la gente con mentiras y, sobre todo, obtener subsidios e impuestos para favorecer al activismo ecologista. Dentro de los fitosanitarios, tenemos a los Plaguicidas que serían como los medicamentos y antibióticos para los cultivos (insecticidas, herbicidas, fungicidas, acaricidas y nematicidas), Fertilizantes que serían los nutrientes y Reguladores químicos.

Prohibir fitosanitarios en la agricultura, equivale a querer prohibir los antibióticos y los medicamentos de humanos. Sería como prohibir la Medicina moderna. Estos remedios permitieron multiplicar en muy poco tiempo la producción de alimentos en variedad y cantidad, lo que generó un aumento en la calidad y la duración de la vida humana. Su uso en la agricultura no llega a poner en peligro nunca al consumidor y son seguros para la salud y el ambiente.

Gracias a estas prohibiciones promovidas por campañas de desinformación ecologista de pensamiento mágico, en Sri Lanka, situada en el continente asiático, se tuvo que indemnizar a los productores agropecuarios tras la debacle que causó el buscar una agricultura 100% orgánica. El rendimiento de cultivos cayó al 50% en seis meses, la cantidad y variedad de alimentos disminuyó y los precios aumentaron considerablemente.

Gracias a estas prohibiciones promovidas por campañas de desinformación ecologista de pensamiento mágico, en Sri Lanka, tras la debacle que causó el buscar una agricultura 100% orgánica, el rendimiento de cultivos cayó al 50% en seis meses, la cantidad y variedad de alimentos disminuyó y los precios aumentaron considerablemente.

Todo comenzó en mayo de 2021, cuando el Gobierno decretó la prohibición total de la importación y el uso de fertilizantes sintéticos, así como también los pesticidas naturales. Para octubre del mismo año, Sri Lanza se vio obligada a ceder y habilitar la importación de fertilizantes por las pérdidas sufridas, además de indemnizar a los productores que padecieron una caída de la producción motivada por la imposibilidad de usar insumos químicos. Así, un millón de productores recibirán una compensación por el fracaso de sus cosechas.

Por otro lado, la caída de la producción al generar escasez, produjo un aumento considerable en el precio de los alimentos que derivó en un alza inflacionaria que llegó al 21,5% en diciembre de 2021. La escasez también provocó que surja un programa de racionamiento de alimentos, como en los peores países socialistas. Además, estas medidas de 100% agricultura orgánica dejaron un tercio de la tierra agrícola inactiva. En el trascurso de estos 2 años, Sri Lanka se quedó sin comida.

En una reciente reunión de la que participé sobre el análisis de Riesgos en la Gestión de Proyectos y los llamados “Proyectos Sustentables”, se trató este caso de Sri Lanka. Un orador mencionaba que lo que ocurrió (obviamente mencionaba datos minimizados como que la producción sólo cayó un 25%), se debía a que el proyecto de “Agricultura 100% Orgánica” no se hizo analizando el contexto en el que ocurría, sosteniendo que falló porque se aplicó mal en un contexto inadecuado de país con una macroeconomía no ordenada. Una justificación similar a los que dicen que el socialismo no funciona porque nunca se aplicó bien.

Por supuesto que refuté cada una de esas premisas. Cuando uno tiene una idea, o un problema a resolver, y para ello propone realizar un proyecto para llevar a cabo esa idea o resolver ese supuesto problema, previo a eso debe realizar un Pre- Proyecto, el que contiene estudios de factibilidad técnica, económica, ambiental, financiera, legal, entre otros aspectos a analizar, para ver si se puede realizar, y se debe presentar la justificación de por qué realizarlo y que objetivos estaría pretendiendo cumplir o que problemas resolvería ese proyecto. También se debe hacer un análisis de Riesgos, tanto riesgos de implementar ese proyecto como riesgos a los que se verá expuesto el proyecto al ser realizado.

Aquí vemos una falta de unión entre lo teórico y lo pragmático. Nadie sigue la teoría a la hora de plantear ideas, hipótesis, o premisas, y tal parece que nadie tampoco lo hace para implementar proyectos a la hora de lidiar con imposiciones de campañas ambientalistas o progresistas. Es como si los libros o lo que estudiaron expertos hace años no importase, y menos el sentido común. El pensamiento mágico le gana al pensamiento lógico-racional y al conocimiento.

En este caso de Sri-Lanka, el Gobierno decidió abrazar las premisas ambientalistas sin sustento científico alguno, y sin realizar ningún estudio de factibilidad, así como ningún análisis de riesgos, ni consulta a expertos, y avanzó con un proyecto que nunca debería haberse hecho: el de agricultura 100% orgánica. Desde el punto de vista de la teoría de Proyectos, es un Proyecto que, si hubiese sido bien analizado en su Pre-Factibilidad, debería haberse rechazado.

Los objetivos no eran claros. Si el objetivo era el de ser un país de agricultura 100% orgánica, la pregunta es ¿para qué? ¿para solamente satisfacer a un puñado de lobistas?, eso iba en contra de un objetivo aún mayor que tiene el país, que es alimentar a su población y combatir la hambruna y malnutrición, tal como lo mencionaba el “Plan Estratégico para Sri Lanka 2018-2022” (5*) del Programa Mundial de Alimentos (WFP).

En este caso de Sri-Lanka, el Gobierno decidió abrazar las premisas ambientalistas sin sustento científico alguno, y sin realizar ningún estudio de factibilidad, así como ningún análisis de riesgos, ni consulta a expertos, y avanzó con un proyecto que nunca debería haberse hecho: el de agricultura 100% orgánica.

Por lo tanto, si se genera un proyecto para resolver un problema que no es problema, y cuyos objetivos van en contra de objetivos naturales de subsistencia humana, entonces ese proyecto no va a ser exitoso y va a generar un problema nuevo que no existía, tal como vemos que ocurrió en Sri Lanka. Y no fue exitoso por su contexto o justificaciones vagas, sino porque no hay correlación entre el objetivo (agricultura 100% orgánica) y la satisfacción de los interesados principales (la población tiene que alimentarse), en este caso resultando en la no satisfacción de la población que se queda sin alimentos. Además, el riesgo de implementación del proyecto era tan alto, por su alta probabilidad de falla y su alto impacto negativo en caso de fallar, que debería haber sido rechazado.

Por lo que, estos falsos ecologistas o ambientalistas, en lugar de proponer con creatividad e inventiva nuevas formas contra lo que se oponen, en lugar de dejar que la creatividad humana y la inventiva humana, y que el desarrollo tecnológico resuelva los supuestos problemas, que son subproducto natural de evolucionar y desarrollarnos como humanos, prefieren detener el progreso, hacer retroceder a la humanidad y generar prohibiciones.

Si hay un grupo lobista que busca “porque sí” agricultura 100% orgánica (lo que olvidé mencionar que es peligroso, dado que es como un ser humano que se mueve en sociedad sin las vacunas del calendario de vacunación infantil), entonces que ese grupo compre tierras y se cultive su propia comida orgánica y que la coman ellos y que se la vendan a quienes se la compren. Que generen ese mercado, y veremos cuántos adeptos tiene. Si quieren dañarse, que se dañen ellos. Pero que no obliguen a la humanidad a seguir sus premisas de pensamiento mágico, llevándola al abismo.

Hay que dejar de abrazar estas premisas y empezar a analizar y refutar con contundencia, coraje y evidencia empírica a este grupo de promotores de la involución, para evitar que lleven a la humanidad al colapso.

 

Articulo escrito por Natalia Basil para El Faro Argentino

Por admin

2 comentarios en «¿Por qué hay crisis en Sri Lanka? Las leyes progresistas y ecologistas que arruinaron un país»
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