Recuerdo el 16 de octubre de 2004 como si fuese ayer. Algunos, los que estamos en el tema quizás, o los que metemos más horas semanales de partidos de fútbol que de laburo, sabíamos que ese día iba a llegar. Que el pibe que nos mostraban en la tele, que era argentino, que la rompía en las inferiores del Barcelona, iba a llegar a primera. Y que más o menos bien le podía ir. Tenía que esperar su momento, ese equipo culé estaba lleno de cracks. Aunque sabíamos también que tenía todo para hacer que esa espera sea fugaz. Que no iba a pasar mucho tiempo para que, hasta el propio Ronaldinho pasara a segundo plano ante la aparición del pibe argentino de 17 años. Todo el mundo hablaba de Lionel Andrés Messi.

Desde ese mismo día, hasta este eterno e infinito 18 de diciembre de 2022, construyó el imperio más grande que jamás se haya visto en la historia de un deporte. De cualquiera. Nunca nadie fue rey absoluto tantísimos años. Nunca nadie se subió al primer lugar del podio para no bajarse jamás, con el respeto que corresponde al mismísimo Diego Armando Maradona, a Pelé, a Roger Federer, a Michael Jordan, a Mohamed Alí, a Cristiano Ronaldo, por supuesto, y a quien quieran agregar en la lista de inolvidables. Nunca, nadie.

Se trata del acto de justicia más concluyente en la historia de cualquier deporte. Justamente, en el deporte más injusto de todos. Hasta eso consiguió Leo.
Se trata del acto de justicia más concluyente en la historia de cualquier deporte. Justamente, en el deporte más injusto de todos

Si, Leo. El mismo, el del 2004, el del camino recorrido hasta hoy, el de todos los récords superados, el de los cientos de goles inolvidables, el de las asistencias imposibles, el de los títulos con el Barcelona, con el PSG, con las juveniles, el de las corridas interminables, el de las gambetas indescifrables, el esposo de Antonela, el padre de Thiago, Mateo y Ciro, el hijo de Jorge y Celia, el de siempre.

MESSI Y LA DEL MUNDO. LO SOÑAMOS. ES UNA REALIDAD.

No es otro Messi, no es el mejor Messi, no cambió para darle el gusto a los que lo discutieron por algún que otro tropezón. Es el mismo Messi. El Messi de siempre. El rey, el jugador imposible, el ídolo eterno.

Insisto. Este no es el mejor Messi. No hay forma de que un Messi sea mejor que otro. Hablar de «el mejor Messi» es faltarle el respeto a Leo y a sus 18 años de una carrera inolvidable, llena de logros y de éxitos. De superación personal, de adaptación a contextos. Es el mismo Messi, con el premio que se merecía, que buscó de mil maneras, que persiguió toda su vida. Con el premio que mereció más que nadie. Y que consiguió.

Messi no cambió. Cambió la forma en la que prefieren observarlo quienes siempre creyeron que Messi tenía una deuda con ellos.

Messi, el de siempre, saldó una deuda con él mismo. Él lo quería más que nadie. Él lo merecía más que nadie. A nosotros no nos debía nada. Y así y todo, nos obsequió el regalo más hermoso de todos: la Copa del Mundo.

Messi no cambió. Cambió la forma en la que prefieren observarlo quienes siempre creyeron que Messi tenía una deuda con ellos.

Estuvimos 18 años esperando este momento. Sabíamos que iba a llegar. Por vos y por todos los que te empezamos a amar ese mismo 16 de octubre del 2004, sin entender ni un poco cada cosa que hacés con la pelota. Ojalá fueses eterno, como esta alegría que nos regalaste, Leo.

Fuente: MDZ

Por admin

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