Murió la reina Isabel II de Gran Bretaña. Al hablar del grupo de personajes icónicos del siglo XX, sin dudarlo ella ocupa un lugar central entre ellos.

El legendario primer ministro inglés Winston Churchill dijo que siempre le causó impresión y admiración. “Desde muy chica, siempre tuvo un halo de autoridad y reflexividad que me resultaba verdaderamente asombroso en un infante”, explicaba.

Harold Macmillan, primer ministro inglés entre 1957 y 1963, la describió como una figura formidable, asegurando que siempre fue reticente al trato de estrella como las de cine. “Ella tiene un gran sentido del deber y además le encanta ser reina: está decidida a ejercer toda su vida ese poder”, afirmó.

HACE POCOS DÍAS LA REINA ISABEL RECIBIÓ A ELIZABETH TRUSS, FLAMANTE PRIMERA MINSTRA DE GRAN BRETAÑA. 

 

Esta mujer excepcional llegó al trono en febrero del año 1952, luego de suceder a Jorge VI, su padre. Entre otras cosas, en sus más de 70 años de reinado fue testigo de como varias de las colonias que quedaban en el Imperio Británico se independizaban; y ha protagonizado muchos de los momentos más tensos de la Corona inglesa, con la particularidad de que casi todos fueron causados por otros miembros de su familia, y no por ella. Siempre lamentó que su prole cayera en un lugar indigno para ella: el de celebrities.

La explosión de los medios de comunicación, internet y las redes sociales hicieron que la elegancia, la fascinación popular y el romanticismo del que siempre gozó una de las casas reales más importantes del mundo se cayeran sin remedio; convirtiendo a su familia en una que vivía sujeta a los escándalos y al morbo de la gente.

Sin lugar a dudas, la turbulenta separación de Carlos de Gales y Lady Di y luego la trágica muerte de esta causó uno de los episodios, absolutamente a su pesar, más relevantes del siglo XX en cuanto a los ríos de tinta y las horas de pantalla que se produjeron.

 

ISABEL Y FELIPE, EL DÍA DE SU MATRIMONIO.

 

Hay que decir, sin embargo, que fue la propia Isabel la que dio el puntapié inicial a esta relación con los medios, pues su coronación, en 1953, fue televisada y la hizo la reina más popular hasta entonces.

Basta decir que sucesos históricos como la guerra del Sinaí, la guerra fría, la guerra de las Malvinas, las tres décadas de conflicto en Irlanda del Norte, la guerra del Golfo Pérsico, el Brexit y la pandemia de COVID-19 la han tenido como protagonista para ni siquiera tener que explicar la trascendencia de su imagen.

Siempre se tomó con gran responsabilidad su figura, aun cuando la Corona año a año caía en un papel cada vez más simbólico. ¿Abdicar? Evidentemente nunca estuvo en sus planes. Quizás una de las mayores críticas que se pueden hacer a Isabel II es su gusto por el trono, a tal punto de ser acusada de no “educar” a Carlos ni a sus sucesores para ser reyes.

POR DÉCADAS, LA CABEZA DE LA FAMILIA REAL INGLESA.

 

Seria y fría, siempre sus marcas registradas fueron el autocontrol, la moderación, la determinación de suprimir cualquier tipo de arrebato, la discreción como postura de vida, la impasibilidad a la hora de mostrar emociones, el gusto por el estricto protocolo y ese halo de distancia que para muchos la metía en una burbuja que no tocaba la realidad.

Justamente por esto sufrió terriblemente, desde la década del 80 en adelante, el vendaval amarillista y las primeras planas en donde los fracasos matrimoniales de sus hijos, los escándalos con amantes, y los exabruptos varios entre ellos que estos sucesos producían.

El ojo público, la desaprobación popular, la sorna de muchos comentaristas y las persecuciones de los paparazzis fueron corroyendo la imagen de la Corona delante de Isabel, que lo atestiguaba con amargura. Paralelamente a esto, su ex nuera, Diana de Gales, se transformaba en la mujer más fotografiada de la historia.

 

ISABEL II.

 

Los años 90 fueron más espantosos todavía. Los romances extramatrimoniales de sus hijos, el blanqueo de la relación de Carlos con Camilla Parker Bowles, y los rumores sobre la exorbitante fortuna de la reina agudizaron la mala imagen de los Windsor.

En esa década a Isabel le lanzaron huevos, se incendió el castillo de Windsor, Carlos y Diana se separaron oficialmente, debió comenzar a pagar impuestos y le redujeron el presupuesto del palacio. En esa década vivió su “Annus horribilis”, como ella misma declaró.

Pero lo peor llegó en 1997: Diana, “la princesa del pueblo”, muere en París en un terrible accidente de auto y la decisión de Isabel de no hablar por cinco días y ordenar el aislamiento de toda su familia causó indignación y una ofuscación tremenda del pueblo inglés.

Fue el primer ministro inglés Tony Blair quien le sugirió a la reina que saliera a hablar y entonces, un día antes de los funerales, Isabel expresó su cariño y admiración por Diana.

 

EL ANUNCIO EN REDES SOCIALES.

 

Sin dudas, fue la reina de los récords. Tuvo 6 jubileos: el de plata en 1977 (25 años en el trono), el de rubí en 1992 (40 años), el de oro en 2002 (50 años), el de diamante en 2012 (60 años), el de zafiro en 2017 (65 años) y finalmente el de platino en 2022 (70 años).

A pesar de tantos conflictos y vaivenes, hasta el fin de su vida Isabel II fue una de las monarcas más valoradas de la historia de su país. Como lo explica la National Geographic, su experiencia, dedicación y distancia de los asuntos políticos la han hecho también muy respetada entre la gran mayoría de jefes de Estado que la han conocido.

Quienes la conocieron, afirman que Isabel II es un enigma total. Absolutamente nadie ni siquiera sus hijos, saben en el fondo qué piensa y qué siente. Quizás sea su principal virtud: ocultar a todos su verdadera emoción por los hechos y las personas.

 

LA REINA ISABEL II, POR ANDY WARHOL.

 

Al enterarse de su partida, la flamante primera ministra Elizabeth Truss expresó: «Ha fallecido la roca sobre la que fue construida la Gran Bretaña moderna».

Ha muerto un ícono histórico del siglo XX. Un símbolo inequívoco de Inglaterra. Una mujer que no permitía que la vieran llorar, ni en la muerte de sus padres, ni en la de su marido. Una mujer que nunca expresó públicamente una dolencia física. Una mujer que hizo de su vida una identificación con la Corona, hasta el extremo de hacer cualquier tipo de sacrificio personal en pos de ella; y por lo cual deja un monumental reinado y un lugar dificilísimo de ocupar por Carlos, su heredero.

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