El socialismo ha matado a más de 100 millones de personas y es incontable la cantidad de vidas que ha destruido. Ahí donde se han aplicado estas ideas la desembocadura lógica es pobreza y sufrimiento. Sin embargo, a pesar de todo esto, el socialismo no ha muerto y sigue cautivando votantes alrededor del mundo.

¿Cuál es la explicación a este fenómeno? Son diferentes las razones por las que esas ideas criminales siguen teniendo acogida, voy a reflexionar sobre las principales.

1- Miedo a la incertidumbre

Todos los seres humanos lidiamos en algún momento de nuestras vidas con el miedo a la incertidumbre. No tener el futuro asegurado, no saber si en algún momento faltará el empleo, si vendrán tiempos difíciles para la familia y no se tiene el suficiente respaldo, son cuestiones que en mayor o menor medida afectan a la mayoría de los seres humanos.

Los psicólogos hacen diferentes recomendaciones al respecto, como no preocuparse, enfocarse en el presente y lo que sí podemos cambiar; después de todo, más del 90 % de las tragedias que pasan por nuestra mente nunca ocurren. La gente experta en planificación patrimonial recomienda ahorrar e invertir y siempre tener diversas fuentes de ingresos. Mientras tanto, la izquierda ofrece una “solución” que para muchos parece más tentadora y “segura”: que el Estado se encargue de todo.

Lo que los socialistas ofrecen es un Estado que mantenga a quien pierda el trabajo, que se encargue de la educación de los niños y de la salud, y de cualquier asunto de importancia. Lo que ofrecen no es más que volver a la seguridad de un padre que dará todo, “papá Estado”, a cambio de esa promesa deciden entregar su libertad y arruinar la economía.

El asunto es que lo que importa no son las promesas ni las buenas intenciones, lo que importa son los hechos, y lo que se debería preguntar aquella gente que termina votando socialismo porque no puede soportar el miedo a la incertidumbre es: ¿quién tiene un futuro más seguro, aquellos que viven en Venezuela o alguien que vive en un país capitalista como Estados Unidos?

No importa si un político promete dar absolutamente todo, no lo va a cumplir, es físicamente imposible y el socialismo es un completo fracaso económico. Los países más prósperos son los más libres en materia económica, por lo tanto, la mejor forma de tener un futuro “seguro” es pidiendo lo que funciona: capitalismo.

2- Falta de inteligencia emocional

Desde los escritos de Georg Lukács y el nacimiento de la escuela de Frankfurt, la izquierda se reinventó, de modo que el papel que antes ocupaba la economía fue reemplazado por la cultura, comprendieron que esa era la clave para conseguir el poder. Por lo tanto, se dedicaron a tomar el control de los medios de comunicación, los libros, la música, el teatro, el cine, etc. En ese sentido, ya los temas principales no eran económicos, la economía va bien en el capitalismo y después del desastre causado en tantos lugares por cuenta de sus ideas ya no tenía sentido intentar convencer a la gente hablando de cuestiones económicas.

Buscaron nuevos sujetos revolucionarios para reemplazar al “obrero”, y fue así como se enfocaron en mujeres, LGTBI, negritudes, migrantes y cualquier “minoría” a la que puedan victimizar para luego presentarse como los salvadores. El socialismo crea frustraciones en diferentes grupos, o aviva las ya existentes, para luego culpar al sistema capitalista de esos problemas personales.

Si se analiza lo que hay en el fondo de todo esto, y el porqué millones de personas terminan votando izquierda al identificarla con feminismo, defensa de los gays y en general el “ser buena persona” y tener empatía, el asunto es que muchos tienen una gran falta de inteligencia emocional y diferentes problemas que han tenido en sus vidas les han causado un dolor y frustración con la que no pueden lidiar, es ahí donde aparece la izquierda para exculparlos y decirles que absolutamente todos los momentos malos que han vivido son culpa de otras personas.

Miremos el caso de las mujeres, muchas se sienten frustradas porque no han tenido la vida amorosa que soñaron, y en vez de enfrentar que las relaciones son difíciles y trabajar en su inteligencia emocional para superar las pérdidas amorosas o incluso para ser mejores personas, la izquierda llega para consolarlas y asegurarles que todo se trata de un patriarcado opresor que solo usa a la mujer como objeto.

Lo mismo sucede con negritudes, migrantes, LGTBI y cualquier minoría, la izquierda viene a meter el dedo en la herida y a convencerlos de que otros son los culpables de sus problemas. Cuando la verdad es que absolutamente todos vivimos situaciones difíciles y hemos tenido momentos que nos duele recordar, eso sin importar el color, el sexo o el gusto sexual. Lo correcto es que enfrentemos nuestros problemas sin culpar a los demás.

No hay tal cosa como un sistema capitalista que oprime a mujeres, negros y homosexuales. Sí hay hechos de violencia puntuales que deben ser castigados por la ley, pero lo que hace la izquierda es convencer a las minorías de que absolutamente todos sus problemas y frustraciones vienen de un sistema discriminatorio, entonces, muchos jóvenes ahora votan izquierda porque en vez de enfrentar sus problemas emocionales, quieren politizar todo y descargar en otros su falta de inteligencia emocional.

3- Buena intención, pero falta de conocimiento económico

Lo natural y lo deseable es que las personas quieran el bien para los demás y para la sociedad en la que viven, sin embargo, las buenas intenciones deben ir acompañadas de resultados. De nada vale decir que se quiere acabar con la pobreza si al final terminas sumiendo a un país entero en la miseria absoluta; eso es lo que hace el socialismo.

La mayoría de las personas que vota izquierda tiene buenas intenciones, pero la verdad es que no se ha tomado el tiempo para revisar los datos económicos y las consecuencias que traen las ideas de extremo intervencionismo estatal.

Lo que todo el mundo debería saber antes de votar es que hay una relación entre prosperidad económica y libertad económica. Entre más capitalismo, más prosperidad.

No es casualidad que los países más pobres sean los socialistas.

No solo para votar, sino para cualquier cosa en la vida, hay que tener en cuenta que lo importante no son las palabras sino lo hechos.

Por Vanessa Vallejo

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