El peronismo kirchnerista, expresado por los jefes territoriales de las provincias y los principales municipios del Gran Buenos Aires, ya trabaja activamente por la sucesión del presidente Alberto Fernández, a quien nadie lo toma en cuenta para concertar una estrategia en el poder nacional. En ese contexto, se definieron dos cuestiones fundamentales en pos de reemplazarlo con otro kirchnerista peronista en 2023..

Por un lado empezó a fijar posturas para que el PRO y la UCR, los principales socios de la oposición formada en Juntos por el Cambio, se peleen y radicalicen también sus posturas. Para ello abrirá todas las canillas que tiene el poder buscando potenciar la división opositora.

Sergio Massa cumple, para esta estrategia, un rol principalísimo. Es el faro al cual observan todos en el Frente de Todos para llegar con cierta expectativa económica a mediados del año que viene y no harán nada para que su ajuste y propuesta neoliberal, sentada a la derecha de los principales intereses capitalistas norteamericanos, tenga algún contratiempo, como sí lo tuvo su antecesor Martín Guzmán, que pretendía hacer casi lo mismo de lo que ahora hace el nuevo ministro de Economía.

«Esperemos que terminemos igual que nos pasó con Carlos Menem, que en los primeros dos años no dio pie con bola pero cuando llegó Cavallo (Domingo) y la convertibilidad todo se encaminó», se entusiasman los amigos del ex presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, a quien ya observan como una nueva etapa de la constante transformación peronista, que pasa de izquierda a derecha sin ningún complejo. «Es la síntesis exacta de Néstor y Carlos», por Kirchner y Menem, se entusiasman, nuevamente, desde las oficinas públicas que están cerca de la Casa Rosada.

Mientras «Sergio» hace su trabajo, (ahora lo vuelven a tutear) los principales voceros del oficialismo, desde la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y su hijo Máximo, le reclaman a la oposición que se manifieste contra el atentado de hace una semana y exigen que participen en el diálogo político convocado por el ministro Eduardo «Wado» de Pedro después de que este mismo funcionario tratara de provocadores y asesinos con micrófono a periodistas y dirigentes políticos opositores.

«Abrieron la puerta del baño y nos encontraron haciendo nuestras necesidades», describió un experimentado y a la vez descreído opositor que no puede comprender cómo sus aliados viven peleándose a plena luz del día y siempre supuso que el oficialismo tenía una jugada a mano para paliar la crisis y correrse del humor social que ya exigía un adelantamiento electoral.

«Lo designaron a Massa y completaron el cuadro que ya venían armando en la provincia, donde Martín Insaurralde hizo volar por el aire la unidad opositora y mostró todas las miserias», agregó en su interpretación del nuevo mapa político. Es que Massa, al tener tantos conocidos del «otro bando», con los cuales convivió y ganó en 2013 cuando conformó al Frente Renovador, hace que cada expresión tenga, de antemano, la presunción de una relación indecorosa.

Lo de Insaurralde como jefe de Gabinete de un ortodoxo duro como Axel Kicillof hizo cambiar la conducción de la negociación política. Renunció Néstor Grindetti como vocero del PRO y Joaquín De la Torre terminó fuera de la vicepresidencia de la Cámara de Senadores, entre otras situaciones. Los intendentes radicales, siguieron como si nada hubiera pasado.

«Cada vez que le pegan a Patricia Bullrich o Mauricio Macri, lo obligan a Horacio Rodríguez Larreta a salir a defenderlo, lo corren del centro que quiere concentrar el jefe de Gobierno y hace que los radicales también siempre estén incómodos. Si se quedan callados, los matan los votantes de JxC, pero si apoyan a los del PRO, los propios radicales los tratan de gorilas. Es todo una locura», describió este fino analista.

La alteración que exhibe la oposición es preexistente a su propia creación, Pero a medida que se aproximan al poder, los tironeos, las intrigas y los posibles «quiebres» hacen que sus integrantes estén atrapados en un espacio del cual no pueden huir. Lo mismo le pasa al oficialismo, pero con todas las herramientas que tiene, y la voracidad que tiene el peronismo a la hora de usar el poder, las inconsistencias e incomodidades ingresan un plano muy muy lejano.

Hasta dónde llegó la incomodidad de la nueva realidad, agravada por el atentado sufrido por Cristina Kirchner que varios dirigentes e intendentes de Juntos por el Cambio debieron apoyar manifestaciones kirchneristas en post de un apoyo irrestricto a la defensa de una democracia que en más de una vez parecen desconocer.

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