El obispo nicaragüense Rolando Álvarez un crítico del gobierno de Daniel Ortega, denunció este viernes 5 de agosto que es asediado por la policía al servicio del régimen.

La vicepresidenta y esposa del presidente, Rosario Murillo, reprochó al obispo al calificar sus críticas como una provocación que se pueden interpretar como «un delito».

Al mismo tiempo, Murillo soltó amenazas contra el obispo: «Son días para tomar en cuenta que en esta patria bendita hay leyes también, no se puede, no se debe infringir las leyes y mucho menos cometer delitos, porque provocar, hacer ostentación de impunidad es un delito, sobre todo cuando lo que se provoca es discordia, desenfrenos, no estamos para eso».

Murillo argumentó que en Nicaragua hay leyes que señalan que no se puede sembrar odio o discordia y que, por el contrario, exigen que se trabaje por la paz.

Del mismo modo, Murillo señaló: «Cuando se pierde el respeto a sí mismo, o el respeto a la otra persona, a la comunidad, a la familia, a símbolos que como hemos dicho son sagrados, símbolos sagrados de nuestra creencias sagradas, cuando se pierde el respeto, están en una pérdida total de auto respeto y la persona se cosifica, se vuelve cosa y qué se gana, al contrario, todo se pierde y lo que se gana es el rechazo a la persona que provoca y el rechazo creciente hacia lo que todo lo que hemos conocido a lo largo de nuestras vidas, como instituciones que merecen respeto«.

Y agregó: «Generar descrédito a esas instituciones que merecen respeto también es un delito, es pecado de lesa espiritualidad».

Cabe destacar que Murillo también advirtió que Álvarez podría ser encarcelado.

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