«no tenías que ser judío en los años 70 para estar preocupado por los judíos disidentes en la Unión Soviética; no tenías que ser negro en los 80 para sentirte afectado por el «apartheid» en Suráfrica; y de la misma manera no tienes que ser un cristiano hoy en día para reconocer que los cristianos son el grupo religioso más perseguido en el planeta».
John Allen

Hace pocos días, durante la celebración de la Misa de Pentecostés en la iglesia de San Francisco Javier en Ondo, al suroeste de Nigeria, un grupo armado irrumpió y disparó a quemarropa a los fieles. La terrible matanza dejó decenas de muertos, entre ellos muchos niños y por supuesto, heridos. Curiosamente, cada vez que ocurre un tiroteo en una escuela de EEUU se llenan los medios de coberturas con análisis sobre el perfil del victimario y un detalle de las víctimas. Pero este tiroteo ocurrido en un pueblo nigeriano, con tantos y tantos niños masacrados no ha producido ni un pequeño porcentaje del escándalo que suscitan los otros.

No hay fuertes demandas sociales o institucionales contra los perpetradores de la carnicería nigeriana, lo que nos hace pensar que, para esta desgastada cultura occidental, sólo un puñado de víctimas selectas valen la pena. El progresivo crecimiento del terrorismo étnico-religioso y la demolición de la cultura occidental por la ideología woke ha convertido a este mundo, que se percibe tan inclusivo, en un infierno para millones de creyentes. En una enorme porción del planeta el asesinato de cristianos, por el sólo hecho de serlo, es un hecho normalizado. No se encuentra en las agendas globales la preocupación por la persecución religiosa, siendo esta la más acuciante. En la última década se han comprobado 10.000 asesinatos al año de cristianos (esto es sólo la cifra de denunciados). Ese mismo planeta que se convulsionó por la muerte de Floyd no se mosquea ante los millones de creyentes que hoy, en pleno Siglo XXI son perseguidos y torturados hasta la muerte por causa de su religión. ¿Es la persecución religiosa menos importante que la sexual o racial?

No hay fuertes demandas sociales o institucionales contra los perpetradores de la carnicería nigeriana, lo que nos hace pensar que, para esta desgastada cultura occidental, sólo un puñado de víctimas selectas valen la pena.

Un informe publicado en noviembre de 2021 por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa demuestra que más de la cuarta parte de todos los crímenes de odio registrados en el continente en el año 2020 fueron anticristianos, lo que representa un aumento del 70% con respecto a 2019. Hay actualmente más de 360 millones de cristianos padeciendo «altos niveles de persecución y discriminación» lo que representa un 6% de incremento respecto a 2021, cuando la cifra fue de 340 millones, que a su vez fue un 31% superior a la de 2020 que era de 260 millones, que a su vez fue un 6% superior a la de 2019 que eran 245 millones, que a su vez fue un 14% superior a la de 2018. La persecución se ha incrementado en los últimos años, y todo indica que va a seguir creciendo. Según este informe el 80% de toda la persecución religiosa en el mundo se dirige contra los cristianos.

Los organismos supranacionales que tan eficientes han sido imponiendo su agenda sanitaria y su alarmismo ecologista vienen retrocediendo a pasos agigantados en lo que respecta a hacer valer la libertad religiosa a pesar de estar incluida en la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Existen 133 Estados en el mundo, en donde este derecho es sistemáticamente pisoteado. Según diferentes informes especializados, cada mes 345 cristianos son asesinados por su fe, 105 iglesias y edificios cristianos son quemados o atacados y 219 cristianos son detenidos sin juicio, arrestados, sentenciados y encarcelados, acusados por rezar a quien el poder estatal no quiere.

En Iraq la comunidad cristiana se ha reducido de 2 millones a menos de 200.000 de personas en apenas 20 años. Desde 2003 más de 2.000 iraquíes cristianos han muerto a causa de la violencia anticristiana. En octubre de 2010, 55 personas fueron asesinadas en el atentado terrorista de la catedral de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Bagdad. Los atacantes se inmolaron con cinturones explosivos y Al Qaeda reivindicó el atentado diciendo que los cristianos son “objetivos legítimos”.

 

 

En Paquistán en 2011, el político católico Shahbaz Bhatti fue asesinado tras haber dicho que las leyes antiblasfemia eran usadas por los grupos islámicos para perseguir a los cristianos y a otras minorías religiosas.

En India se produjo una matanza en Orissa en 2008 donde murieron 57 personas, la mayoría de ellas quemadas vivas, mientras, decenas de mujeres fueron violadas. La ola de violencia anticristiana quemó en ese año más de 20 iglesias en 10 días y 50.000 cristianos huyeron. La persecución de los cristianos en la India se está intensificando, en 2021 se registraron 502 incidentes de violencia anticristiana. Según el informe enviado a la Agencia Fides, en enero de 2022 se produjeron 40 incidentes, 35 en febrero, 34 en marzo y otros más en abril. Hay 89 párrocos que han sido golpeados y amenazados con represalias por oficiar Misa.

En Indonesia las autoridades de la región de Aceh han demolido iglesias cristianas con el ánimo de contentar a las turbas que, de todas maneras, prendieron fuego a una iglesia de la zona que no estaba en la lista de demoliciones acordada. Más de 8.000 cristianos fueron desplazados y huyeron ante las amenazas de los líderes islámicos que dijeron públicamente que: «No dejaremos de dar caza a los cristianos y quemar iglesias. ¡Los cristianos son los enemigos de Alá!».

En Sri Lanka en 2019, 290 personas fueron asesinadas durante la celebración de la Pascua Cristiana con detonaciones coordinadas de artefactos explosivos por grupos islamistas.

Nigeria es directamente un infierno. Sólo en 2015 hubo 4.028 asesinatos y 198 ataques a iglesias Las cifras registradas el año anterior fueron 2.484 asesinatos y 108 ataques a iglesias. Se ha denunciado que los 30 millones de cristianos en el norte de Nigeria, en un entorno mayoritariamente musulmán, corren riesgo de vida. En 2013 la organización islamista Boko Haram masacró a una población del nordeste del país y se encontraron 142 cadáveres de una comunidad cristiana. Pocos días después la misma organización prendió fuego a cien casas. En enero de 2020, la misma organización ejecutó públicamente al reverendo Lawan Andimi y a un estudiante de la Universidad de Maiduguri, Daciya Dalep. El reverendo fue decapitado y filmado para la distribucipon en redes del siniestro asesinato.

 

 

En Kenia, el Jueves Santo de 2015, un comando de Al Shabbaab, grupo yihadista asociado a Al Qaeda, asaltó la Universidad de Garissa y tomó como rehenes a unos 700 estudiantes. Durante las 15 horas que duró el evento mataron a los que se identificaron como cristianos y perdonaron a los musulmanes. Le preguntaban a uno por uno si era cristiano. Quien respondía que sí era ejecutado delante del resto. Mataron a 142 estudiantes que seguían contestando ‘sí’ pese a saber que con esa respuesta serían masacrados.

Los regímenes comunistas de China y Corea del Norte persiguen de forma sistemática a las religiones con confinamientos en campos de reeducación por considerarlos una amenaza política.

En Afganistán, el escandaloso retiro de EEUU acrecentó la impunidad del yihadismo. Los varones cristianos afrontan la muerte cuando su fe queda al descubierto. Las mujeres y las niñas son apropiadas por los talibanes como «botín de guerra». Tras ser violadas son puestas a la venta. La caída de Kabul dejó al régimen talibán los registros que le permiten identificar a cristianos que son buscados puerta por puerta, son torturados para “desmantelar redes cristianas” antes de ser eliminados.

En Myanmar las fuerzas militares atacan a cristianos y ya han sido arrestados 20 líderes católicos y protestantes desde el golpe de 2021. Más de cien edificios religiosos han sido destruidos y se han intensificado los ataques en los estados de Chin y Kayah, de mayoría cristiana, así como en las regiones budistas como Sagaing y Magwe. Entre febrero de 2021 y enero de 2022, el ejército destruyó en Chin unas 35 iglesias y en Kayah al menos 12.

En la República Centroafricana y en Bangladesh, durante la pandemia de covid, a los cristianos se les negó la ayuda gubernamental y se los chantageó para que se convirtieran al islam si querían comer. Hay muchos más países donde los cristianos padecen «persecución extrema» como Libia, Yemen, Eritrea, Irán o Arabia Saudí en los que sufren acoso, violaciones, cárcel o asesinato por el mero hecho de identificarse como cristianos o acudir a misa. Boko Haram opera también en Camerún, el Estado Islámico en África Occidental, Mozambique y Somalia. Todo en la más absoluta impunidad. En Alemania los crímenes anticristianos se han multiplicado desde 2019 y en Francia dos iglesias sufren ataques diariamente, mayoritariamente con heces humanas. Chile, Colombia y Canadá han padecido la quema masiva y coordinada de iglesias recientemente.

Qatar es la sede del mundial de fútbol de este año. Habitualmente en estos eventos se reúnen las marcas que sobreactúan ideología woke, políticos adoradores de la Agenda 2030, empresarios que cumplen a rajatabla las directivas ESG (Enviromental, Social, Governance) y toda clase de influencers, deportistas y artistas. Sin embargo, nada dirán los buenistas superinclusivos y sororos de la violencia contra los cristianos en este país. Todos fingirán demencia acerca de que Qatar subió 11 puestos en el ranking de la ONG Puertas Abiertas que confecciona su Lista Mundial de la Persecución religiosa. Seguramente disimularán acerca del hecho de que está prohibida la conversión del islam a otra religión. Nada dirán las feministas de que las mujeres convertidas al cristianismo deben esconderse ya que corren el riesgo de ser excluidas de sus familias y de la comunidad local. Además, las leyes indican que ante el ejercicio de la libertad religiosa, sus familias tienen la autoridad para mantenerlas bajo arresto domiciliario, negarles dinero y manutención y prohibir el acceso a internet, teléfono o libros. Nadie denunciará que las mujeres de origen musulmán no pueden casarse legalmente con un no musulmán.

Nada dirán las feministas de que las mujeres convertidas al cristianismo deben esconderse ya que corren el riesgo de ser excluidas de la comunidad local, que sus familias tienen la autoridad para mantenerlas bajo arresto domiciliario, negarles dinero y manutención y prohibir el acceso a internet, teléfono o libros.

Occidente y su prédica inclusiva poco hace por el respeto a los derechos que no están en la agenda progresista. Los valores y la tradición judeocristianos parecen cotizar infinitamente menos en las preocupaciones de la burocracia global, a pesar de ser constitutivos de la cultura en la que se insertan las democracias liberales. El judaísmo es también brutalmente atacado en el mundo y si bien la cantidad de ataques es menor en número, también lo es la cantidad de judíos, razón por la cual la proporción es mayor. Por eso la comunidad judía entiende la importancia de visibilizar el antisemitismo y lucha coordinada y denodadamente contra este flagelo, cosa que no pasa con el cristianismo. En Medio Oriente el porcentaje de cristianos cayó del 20% hace un siglo a menos del 4% actual. La situación ha sido denunciada por líderes de otras religiones: «Vimos cristianos capturados en Egipto y diferentes comunidades en Irak y Siria que han sido arrasadas o pueblos cristianos que huyen. Lo que es sorprendente es el silencio (…) No escuchamos nada de los 120.000 cristianos asesinados en la región«, denunció Ronald Lauder, presidente del Congreso Judío Mundial.

Occidente y su prédica inclusiva poco hace por el respeto a los derechos que no están en la agenda progresista. Los valores y la tradición judeocristianos parecen cotizar infinitamente menos en las preocupaciones de la burocracia global, a pesar de ser constitutivos de la cultura en la que se insertan las democracias liberales.

Los ataques a la libertad religiosa son una constante y sin embargo las sanciones, embargos y denuncias que son herramientas tan utilizadas por los líderes mundiales a la hora de hacer prevalecer su cosmogonía, no son utilizadas para hacer cumplir este derecho tan básico. La diplomacia mundial no tiene en cuenta el martirio de personas a causa de su fe a la hora de entablar relaciones diplomáticas o acuerdos comerciales. Los organismos internacionales ni siquiera exigen este derecho a la hora de brindar ayuda internacional. Las condiciones que determina la Convención de Naciones Unidas sobre el genocidio, o sea la voluntad explícita de acabar con la población de un territorio o de desplazarla, son evidentes. ¿Es que a nadie importan las vidas cristianas?

 

Escrito por Karina Mariano para El Faro Argentino

Por admin

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