“No es ninguna aberración sexual, pero me gusta verte andar en cueros. El compás de tus pechos aventureros víctimas de la gravedad… Será porque no me gusta la tapicería, que creo que tu desnudez, es tu mejor lencería”.

Ricardo Arjona está preocupado. Es que considera que, a pesar de poder seguir cantando estas cosas ante el aplauso de sus fans, en la actualidad no sería conveniente escribir ideas semejantes. Lejos de lamentarse en silencio como muchos de sus pares, el cantautor guatemalteco hizo público su reclamo en medio de un recital en Buenos Aires.

Históricamente, antes de comenzar a interpretar «Desnuda», el cantante contaba que la música y las canciones permiten transmitir pensamientos en el marco de una conquista, que serían absolutamente imposibles de compartir en el contexto de una conversación normal. Por lo que, con unos acordes y una melodía de por medio, él podía decirle sin mayores inconvenientes a una dama que deseaba verla sin ropa. Pero los tiempos que corren hicieron que el músico tenga ganas de compartir otra reflexión distinta con el público.

Escuché la semana pasada a una señora en un programa importante calificar a los hombres abiertamente como cavernícolas descerebrados. Vaya a decir usted descerebrado a una mascota y le quitan el trabajo, pero con los hombres no pasa nada”, aseguró Arjona este fin de semana en medio de su concierto.

Sin medias tintas, y claramente indignado, el cantante criticó que se puede hacer cualquier cosa para descalificar a los varones y que “no pasa nada”. Incluso insultarlos abiertamente en los medios de comunicación. Aunque reconoció que, como género, los hombres “se han portado mal” en el pasado, pidió que de a poco se vaya modificando esta costumbre que, finalmente, “no le conviene a nadie”.

«Si nos merecemos cierta cosa, va siendo hora de suavizar la situación. Porque lo único que tenemos hoy es una dificultad para acercarnos y eso no le conviene a nadie”, indicó antes de presentar una tesis utilitaria que afectaría también a las mujeres. En este sentido, ejemplificó la problemática de la situación actual con una escena hipotética en un bar.

Para Arjona, hay dos clases de hombres en la perspectiva de sus interlocutoras: “Los que les gustan y los que no les gustan”. El tema es que, a priori, el hombre no sabe a qué grupo pertenece, por lo que, ante la duda, puede decidir evitar el acercamiento por miedo a una represalia.

Ante la risa y los aplausos de sus seguidoras, Arjona aseguró que si un hombre «que tiene la inmensa suerte de ser el que a usted le gusta», se acerca a una chica y le dice: «Hola, buenas noches. Quiero decirte que llevo tres noches sin dormir pensando en las veinticinco maneras de poder inventar para quitarte ese vestido», puede haber final feliz. En ese caso, consideró, que la mujer entraría «al chat con sus amigas» para decirles que conoció a un hombre «salvaje pero tierno» y que se irá con él. Sin embargo, en el mismo escenario, si el hombre «tiene la única culpa de ser de los que no le gustan», ella lo que haría es agarrar el teléfono, pero para llamar a la policía.

«¿Cómo sabe ese pobre muchacho a qué grupo pertenece? Ahí estamos viviendo hoy», lamentó. Sin embargo, Arjona no criticó solamente a las mujeres por esta situación, ya que aseguró que los hombres lo dejan solo en este reclamo y no se animan a alzar la voz ante todo esto.

Finalmente, se preguntó cómo poder hacer en esta circunstancia «para tener el valor como compositor de gritar a los cuatro vientos cosas como… no es ninguna aberración sexual…» Y sí, sonaron los primeros acordes y el Movistar Arena se vino abajo.

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